LAS AGUJETAS…¿Qué son en realidad? ¿Cuál es su causa? ¿Se pueden prevenir?

Artículo publicado en la revista  de Cantabria CRONOAVENTURA (Nº8)

Todo deportista más o menos experimentado ha sufrido alguna vez las llamadas “agujetas”, conocidas científicamente como DOMS (Delayed Onset Muscle Soreness) o dolor muscular tardío. Muchos son los tópicos sobre la aparición de este dolor tan familiar para los deportistas, pero no todos tienen una base científica demostrable. En este artículo intentaremos explicar las causas que las originan, que tipos de ejercicio las producen y si existe alguna forma de mitigar su dolor o incluso de prevenirlo.
agujetas-o-dolor-muscular-tardio-doms-L-kn0Lr-El dolor muscular tardío o “agujetas” es el dolor que aparece (en las regiones musculares que han sido sometidas a un esfuerzo determinado) después del ejercicio, alcanzando su máxima intensidad entre las 24 y 72 horas. Suele ocasionarse cuando cambiamos nuestra rutina o incrementamos la duración o intensidad de la misma de manera brusca. A pesar de ser una sensación incómoda para el deportista, el dolor muscular tardío supone la parte de un proceso de adaptación en el que se produce la hipertrofia, que no es más que el aumento del tamaño de la fibra muscular.
A pesar de las numerosas investigaciones llevadas a cabo, aún no se conoce la causa por la que se produce dicho dolor muscular, solo se tiene constancia de algunos mecanismos que las pueden ocasionar, sin ser ninguna de ellas la teoría definitiva sobre la aparición de las mismas.
La teoría mas conocida, que durante años ha recorrido las clases de educación física en colegios, pabellones y pistas de entrenamiento, ha sido la que afirmaba que las “agujetas” eran producidas por la acumulación de ácido láctico (un compuesto químico que sin la presencia de oxígeno se acumula en el músculo), el cual se cristaliza en las horas posteriores al ejercicio produciendo dolor muscular. Bien es cierto, que en los ejercicios intensos el 80% del ácido láctico producido se acumula en el interior de la fibra muscular, pero no tiene ninguna base científica afirmar que se “cristaliza” ya que esto no se ha demostrado en ningún estudio. Además se descubrió que la mayor parte del lactato producido durante el ejercicio es eliminado por oxidación y el resto es utilizado como substrato metabólico para resintetizar glucógeno muscular, es decir, para la producción de energía.
El otro conjunto de teorías que podrían explicar la aparición de las “agujetas”, se basa en una ruptura de las fibras musculares y del tejido conjuntivo que las recubre. Ruptura que vendría dada por una solicitación mecánica que supera la resistencia del propio músculo, rompiendo de esta forma las estructuras musculares teoría mecánica). Al romperse las mencionadas estructuras, se libera una sustancia que atrae a las células inflamatorias para que inicien el proceso de reparación (teoría inflamatoria), y estas a su vez, podrían sensibilizar los nociceptores musculares, que son receptores sensoriales (teoría neurogénica).
Como ya hemos comentado anteriormente, los esfuerzos inusuales los cambios bruscos de rutinas de entrenamiento pueden ocasionar las agujetas, pero ¿todos los tipos de ejercicio producen el mismo dolor muscular tardío? Muchos investigadores han descubierto que el ejercicio excéntrico produce mucho más daño muscular que el ejercicio concéntrico, ya que las contracciones musculares excéntricas producen elevadas tensiones y conducen a rupturas de estructuras musculares más severas. Estas contracciones excéntricas son las producidas cuando el músculo produce fuerza mientras se alarga, como por ejemplo bajar escaleras, correr cuesta abajo, sentadillas… Aun así estas rupturas suponen un proceso de remodelado muscular, necesario para producir el aumento de tamaño de la fibra muscular y una adaptación a este tipo de contracciones.
Visto que las “agujetas” parecen inevitables en la vida de un deportista, nos preguntamos entonces como se pueden tratar o prevenir. Muchos son los tratamientos que intentan mitigarlas, pero ninguno de ellos tiene una base científica sólida y si mucho de sugestión personal y efecto placebo. La acupuntura, los ultrasonidos, la crioterapia…son tratamientos que se ha descubierto que carecen de efectos sobre la recuperación, aunque quizás consigan disminuir el dolor en algunos sujetos. La administración de antiinflamatorios después del ejercicio, los masajes o los estiramientos también pueden atenuar el dolor, pero nunca el daño muscular.
Ya que no encontramos nada 100% efectivo en el tratamiento ni en l prevención del dolor muscular tardío, podríamos afirmar que la mejor prevención será adecuar las cargas de entrenamiento a cada sujeto, evitar los cambios bruscos de rutinas de ejercicio en intensidad y duración y posiblemente, según afirman algunos estudios, realizar ejercicios concéntricos previamente a los excéntricos.

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